En busca de la felicidad

En busca de la felicidad
11-10-2018 Tags:

En el libro ‘Hygge, la felicidad de las pequeñas cosas’, el director del Instituto para la Búsqueda de la Felicidad de Copenhague explica que es algo que no se describe o deletrea, se siente. Es esa sensación de seguridad y protección en la que puedes bajar la guardia y ser genuinamente tú, sin tapujos.

Vivir lento, apreciando cada momento, disfrutando de las cosas simples de la vida y haciendo de su casa un refugio. Pareciera que esa es -al menos en parte- la clave de la felicidad de los daneses, que aplican mediante un concepto llamado “Hygge”. El calor de hogar nunca había estado tan de moda.

Por: Catalina Lobos P. / Ilustración: Consuelo Astorga T.

 

Dicen que los daneses son los más felices del mundo, o al menos así lo demuestra el Informe Mundial sobre la Felicidad elaborado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU, que viene posicionando al país nórdico en los primeros lugares desde hace años. En el de 2018, de hecho, obtuvo el tercer lugar. Su secreto es su forma de entender y disfrutar la vida, una filosofía que llaman ‘hygge’, que busca la felicidad en las pequeñas cosas. A pesar de un extenso invierno, temperaturas bajo cero y pocas horas de luz, Dinamarca goza de una gran calidad de vida que se debe en parte a su desarrollo socioeconómico, pero también a que disfrutan de la calidez del hogar –que convierten en un verdadero refugio-, lo que les brinda una sensación de bienestar, calma y tranquilidad.

Un ejemplo para aplicar este concepto, que se pronuncia ‘jigue’ y tiene su origen en una palabra danesa que significa bienestar, sería hacer de la casa un refugio acogedor para vivir momentos de comodidad con tu familia o amigos. Para Mónica López, sicóloga especialista en felicidad y directora del Instituto del Bienestar, hygge sería llegar a su casa, ponerse cómoda y darse un respiro. “Se trata de vivir el presente y agradecer los detalles que nos alegran, apagando el celular y las luces, y prendiendo velas para estar con la familia o amigos, y comer algo rico y saludable. Mejor aun si cocinan todos juntos”.

Este estilo de vida sencillo, pausado, económico, lejos del consumismo y la vorágine de las redes sociales, busca valorar los detalles y momentos de confort, aunque sean pocos. Es decir, aplicar el concepto de vivir lento, concentrándose en los sabores y olores, admirando los paisajes y arquitectura de su ciudad, riendo con los amigos, conversando hasta tarde con su pareja, jugando con su mascota, disfrutado un juego de mesa con sus padres, leyendo un buen libro tapada con una manta y tomando té, viendo una película mientras comes un postre preparado por ti, estando en compañía de otro en silencio, etc.

De todo esto habla el director del Instituto para la Búsqueda de la Felicidad de Copenhague, Meik Wiking, en su libro ‘Hygge, la felicidad de las pequeñas cosas’, donde explica que es algo que no se describe o deletrea, se siente. Es esa sensación de seguridad y protección en la que puedes bajar la guardia y ser geniunamente tú, sin tapujos. Dice que es sencillo, barato y se puede aplicar a cualquier aspecto de la vida: la luz, la ropa, la comida, la casa y las actividades al aire libre, entre otros. Este libro ha sido éxito de ventas en todo el mundo, sobre todo en Europa, el continente donde mejor se pueden aplicar sus conceptos debido al desarrollo socioeconómico y las condiciones climáticas de la mayoría de sus países. Allí, el autor entrega tips e ideas para alcanzar la felicidad siguiendo la fórmula danesa, que tiene más que ver con un ambiente acogedor y las experiencias que con lo material. Es así que menciona 10 puntos clave en el ‘Manifiesto Hygge’: ambiente (apagar las luces y encender las velas, acompañando de música suave y aromas agradables), presencia (disfrutar del aquí y ahora, apagando el celular, mirando a los ojos, escuchando con atención y haciendo una cosa a la vez), placer (de un chocolate caliente o un pan recién horneado con mantequilla), igualdad (nosotros por encima del yo), gratitud (apreciar lo que tienes al frente), armonía (sentirte aceptado, sin competir ni presumir de tus logros), comodidad (desconectarse y relajarse), tregua (nada de agobios o temas incómodos), unión (construir relaciones y anécdotas) y refugio (paz y seguridad).

Como los daneses tienen resueltas sus necesidades básicas, gozando de una mejor educación, salud, transporte y condiciones laborales que los chilenos, se les hace mucho más fácil aplicar este estilo de vida. Pero según Mónica López, escritora de ‘El Libro de la Generosidad: Inspiraciones para crear un mundo más amable’ y vocera de la filosofía hygge para Carlsberg Chile, no importa el lugar donde estés, siempre puedes crear un momento hygge. “A veces solo basta con un abrazo sostenido… la clave es sentir ese ‘calorcito emocional’, y si el ambiente acompaña en eso aumentando su bienestar, mejor aun. Despréndase de lo instantáneo, del apuro y la impaciencia, del consumo rápido y desechable de cosas, de tanta pantalla, de la culpa por no estar haciendo algo de su lista de pendientes, del miedo al otro y a sí misma, del rencor, de la frustración y del ‘tengo que”, aconseja.

Para aplicar este concepto en esta época del año, Mónica recomienda organizar “juntas con amigos o familia para caminar, descubrir un nuevo lugar entretenido, salir a la naturaleza, utilizar más las terrazas y balcones cada tarde, ver más puestas de sol sin importar que no esté en la playa, armar una huerta junto a otros, hacer más actividad física acompañada, ir a ferias a comprar y luego preparar nuevas recetas, salir a bailar, revisar y reordenar la casa (clóset, cocina, todo) y dejar ir lo que no necesita para quedarse con aquellas cosas que realmente le gustan y provocan emociones positivas”.

11 tips para tener un momento Hygge en Santiago, según Mónica López:

1. Ir a museos en familia y aprender cosas nuevas, disfrutando de los talleres gratuitos que hace el Museo Violeta Parra.

2. Alimentar las aves de la laguna del Parque Bicentenario y luego leer bajo uno de sus árboles.

3. Hacer pan en familia, o salsas de tomate, barritas de cereales y otros productos, rescatando recetas familiares. Puede transformarse en una tradición y experiencia muy entretenida, siempre y cuando los coman con atención y disfruten, no frente al televisor.

4. Disfrutar con amigos en alguno de los clubes de jazz que hay en Santiago, como el Jazz Corner del barrio Italia.

5. Aprender a alimentarse de forma saludable, eligiendo productos orgánicos, sabiendo quién es el productor y prefiriendo tiendas de comercio justo.

6. Hacer un trecking con amigos en los Saltos de Apoquindo y luego un pícnic al lado del río.

7. Comprar a conciencia, llevando a tu casa lo que necesites y sin caer en endeudamientos.

8. En cuanto a la ropa, elegir materiales de larga duración y con menos plástico en su fabricación. Prefiere diseñadores chilenos y no te dejes guiar por los descuentos. Es mejor tener una prenda que te encante que diez baratas que te gusten poco.

9. Ir a comer al Botánica Bistró (Mercado Mastica) por su comida de estación. Utiliza plantas de su huerta y tiene pan de masa madre recién hecho.

10. Pasear por la feria de antigüedades del barrio Lastarria el fin de semana o por el Parque Forestal luego de un brunch en el café Wonderland.

11. Leer sobre alguna de las hamacas y reposeras que cerveza Carlsberg dispone en diferentes plazas. Es una iniciativa de bibliotecas móviles que estarán recorriendo la ciudad en primavera.