Los hombres también tejen y bordan

Los hombres también tejen y bordan
13-09-2018 Tags:

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Derribar los estereotipos, sentirse parte de un grupo y canalizar sus emociones son algunos de los beneficios que buscan hombres chilenos en el arte de las puntadas y puntos.

Por: Lisette Ávila O.

 

En 2016 nueve hombres chilenos de terno y corbata se tomaron las calles de Santiago y con palillos en mano y un tejido fucsia avanzado realizaron una instalación callejera en la que, mediante un cartel escrito y puesto en sus pies, declaraban que “Romper con los estereotipos nos transforma en una sociedad más inclusiva y tolerante”. Así, la agrupación ‘Hombres Tejedores’ hacía su presentación en la sociedad chilena e internacional con una bandera de lucha clara: terminar con las barreras respecto de lo que los hombres pueden y no pueden hacer.

De aquella intervención urbana han pasado dos años y la cantidad de hombres interesados en saber tejer, bordar y realizar todo tipo de manualidades ha crecido. Así lo asegura Alejandra Ferrer, directora y fundadora de revista Materiaprima, quien señala que “ha aumentado la cantidad de hombres que tejen, e incluso bordan; tanto así que han ido surgiendo grupos que se reúnen a hacerlo como una forma de compartir y relajarse en torno a algo tan constructivo como lo son las labores manuales. He tenido el privilegio de conocer a tejedores y bordadores muy motivados y creativos, que han encontrado en estas actividades una forma de realizarse, distraerse y, en muchos casos, iniciar un emprendimiento laboral”, cuenta.

Lo cierto es que en la historia -y aunque resulte curioso- los hombres fueron los primeros en comenzar a tejer. En el año 200 después de Cristo hombres árabes habrían comenzado a tejer redes para poder pescar varios peces a la vez. Esa actividad habría derivado posteriormente al tejido y la construcción de ropa, permitiendo generar vestuario ajustable en lugar de tener que usar la lana sobre el cuerpo de manera más directa. Posteriormente, en el siglo XVI, en París, fueron ellos los encargados de estas labores, mientras que las mujeres se dedicaban al hilado.

“Su trabajo era muy valorado y lo siguió siendo en Europa durante un período muy importante de la historia. Resulta paradójico que con el paso del tiempo las costumbres hayan cambiado al punto de que el tejido, al igual que el bordado, haya pasado a ser tarea exclusiva de las mujeres, convirtiéndose en una expresión vista como típicamente femenina -sobre todo en las culturas occidentalesy alejada absolutamente del ámbito de lo masculino”, explica Alejandra.

En Latinoamérica se han formado grupos de hombres que tejen, al menos en Uruguay, Colombia, Argentina, México, Estados Unidos y Brasil. En este último es reconocido el trabajo que en 2009 realizó la diseñadora Raquell Guimaraes, quien lanzó una iniciativa para motivar a los hombres de la prisión Ariosvaldo Campos Pires a tejer, haciéndose parte de su proyecto ‘Flor de Lotus’. Por otro lado, en Nueva York, a la reconocida agrupación ‘Bryant Park Knits’ comenzaron a llegar hombres de diversos contextos que se enamoraron de la actividad que venían haciendo las mujeres en el reconocido parque de Estados Unidos.

“En nuestras diferentes ferias a lo largo del país contamos siempre con un importante número de expositores hombres en diversos rubros (palillo, telar, bordado, pintura decorativa, técnicas con papel, madera, mosaico, cerámica, modelado y costura). A ellos les encanta este mundo y muchos han ido dejando de lado sus ocupaciones tradicionales para dedicarse de lleno a él. Este fenómeno también se nota en el tipo de público que nos visita en las expos, pues ya no son solo las mujeres las interesadas, sino también los hombres que llegan a compran buenos materiales y a participar en talleres de las más diversas técnicas. Con gran satisfacción recibimos a familias enteras que prefieren darles un espacio de su fin de semana a las manualidades en lugar de quedarse en la casa, en la rutina de siempre”, comparte Alejandra.

EL BORDADO EN MANOS MASCULINAS

“Soy un hombre de 51 años, soltero, profesional y me gusta del arte en general. Nunca antes había bordado, pero quise inscribirme en el taller que está realizando el Museo Violeta Parra porque lo encontré muy entretenido y pensé: ‘¡tengo que estar allí!’. En la primera clase me sentí bacán y me acordé de cuando mi abuelita cosía y tenía una pieza para aquello. Ahora estoy bordando un dibujo que bajé de internet y quiero que me quede lo más parecido… Es un demonio con cara de bueno, y el mensaje que quiero transmitir a través de él es que nadie es ciento por ciento malo o bueno”, comparte Pablo Navarrete.

Como Pablo son más los inscritos en el primer taller de bordado para hombres que está desarrollando el museo capitalino hace algunas semanas. “Violeta Parra se entiende desde su conexión con las manos creativas que bordan, tejen, esculpen, modelan. Concretamente, el bordado está asociado a su obra visual, a través de las arpilleras, que tanto han inspirado y siguen inspirando a las nuevas generaciones. Por eso hemos querido abrir la mirada masculina hacia una técnica muy poco explorada pero que desarrolla la creatividad, la concentración y entrega un espacio para compartir y socializar”, señaló en su oportunidad Cecilia García-Huidobro, directora del recinto cultural.

El taller es gratuito y lo dicta el destacado diseñador y bordador nacional Carlos Mosso, quien aprendió la técnica a los 33 años y que hoy la enseña a otros hombres para derrumbar los arquetipos de género. “Quiero decirles a ellos que no existen labores que son inherentes al género. Que todos merecemos respeto por lo que hacemos y que es absurdo encasillarse en esos arquetipos obsoletos. Que la masculinidad no pasa por jugar al fútbol o hacer asados. Ya es hora de que los hombres saquemos a la superficie nuestras emociones; una vez que eso pase, estoy seguro de que las cosas cambiarán y habrá empatía. Hay que educar desde el amor”, dice Mosso.

El curso lo integran hombres de 19 años como también de 60 años, profesores, conductores de Uber, actores, veterinarios, entre otros. En cada clase el diseñador les enseña a sus alumnos puntos básicos y composición. Una vez aprendido aquello bordan una tela con un patrón hecho por ellos. “La idea es que se conecten con su yo interno y puedan plasmar lo que sientan”, agrega Mosso.

Así por lo menos lo ha sentido Juan Pablo Pozo -alumno-, quien comparte que “ha sido muy heavy constatar que bordar es muy parecido a la meditación. Me calma y me ayuda a concentrarme un montón. Descubrí que cuando estoy molesto, estresado o preocupado no puedo bordar, se me enreda el hilo, se corta, queda pésimo. Tengo que buscar un estado de tranquilidad y entonces sale todo más fluido”.