Los retos de la mamá soltera

Los retos de la mamá soltera
16/02/2016 Tags:

Criar sola a un hijo requiere un coraje especial. La madre soltera debe aprender a desarrollar estrategias para enfrentar sus dificultades y para hacerse menos vulnerables ante aquellas situaciones que implican algún tipo de peligro. Los desafíos siguen siendo potentes, aun en el siglo XXI.

Aun en estos tiempos, en pleno siglo XXI, ser madre soltera sigue siendo un reto que supone mucho coraje por parte de las mujeres que afrontan tal situación. Ya sea por decisión voluntaria o por causas ajenas a su voluntad, quien tiene a cargo un niño sin la presencia de un padre debe luchar no solo contra los aspectos económicos que conlleva la crianza, sino que además se ve expuesta a la discriminación y los prejuicios.

La sicóloga Andrea Pizarro señala que las madres solteras se enfrentan a un contexto común que, “indistintamente del nivel país y por muchos avances que hayamos tenido en temas de género, suele caracterizarse por una sanción social encubierta y contextos laborales poco amables”. Encima de eso, con discursos de victimización y estereotipos asociados al machismo aun imperante al estilo de “se embarazó para… conservar el trabajo o pareja”. En consecuencia, son mujeres que deben aprender a desarrollar estrategias para enfrentar sus dificultades y para hacerse menos vulnerables ante aquellas situaciones que adviertan algún tipo de peligro, que para el caso aplica desde una posible pérdida de empleo hasta una disolución de aquellos vínculos de apoyo que le entreguen contención o, bien, miedo a traicionar sus propias convicciones, a un rechazo social o a cómo enfrentar algo desconocido que obtuvo sin desear, sostiene la especialista.

¿Por qué se vuelven relevantes estos aspectos para las madres solteras?

Para poder criar con respeto y seguridad a un hijo necesitamos aportar para que las madres estén bien contenidas. Como señala Simone de Beauvoir, “el ser mujer y el ser madre no es un destino, es más bien un camino que se construye, y por cierto, idealmente, una elección”. Por mucho que la cultura nos inunde de modelos de madres, el contexto que rodea a una mujer gestante y mamá debe ser capaz de respetar el vínculo que ahí se construya, no se es más madre porque des leche materna solamente, pues ello se puede hacer en completa desconexión con un hijo. Lo que hace madre a una mujer tiene que ver más con el cómo se hace cargo de su deseo de maternidad y cómo esto la moviliza a desarrollar conductas de cuidado, respeto y, a su vez, también de contención.

¿Todo esto supone un nivel de estrés mayor para las madres solteras? La sicóloga comenta que de por sí los primeros meses de vida de todo hijo acarrean un nivel de estrés mayor, en especial para las madres primerizas. Si a esto se suma el hecho de tener que criarlo sola, entonces surge un estrés relativo a cómo organizarse en relación a los tiempos, desde en qué momento bañarse o comer hasta cómo proyectarse en espacios para la propia mujer. Hay también un desafío propio de las mujeres en relación a su cuerpo y a su imagen, pues allí también algo cambia, sumado al cóctel hormonal posgestación. Es, sin duda, un espacio de estrés.

¿Cómo tratar este tipo de emociones?

Depende de cada mujer y su contexto. Algunas pueden recurrir a sus redes de apoyo, conversar, armar grupos de pares que funcionan como un buen sostén en esos minutos; otras pueden necesitar sicoterapia, medicación, apoyo de terapias alternativas, entre otras. Lo importante es comprender que no hay madre perfecta, sino más bien madres suficientemente buenas (atentas a proveer cuidados, cariño y contención), entender que pueden sentirse cansadas y pedir ayuda cuando se sientan cansadas. Yo siempre recomiendo hablar; muchas cosas se hacen más simples cuando se ponen en palabras.

Los contextos bajo los cuales se es madre soltera también influyen mucho en el desarrollo favorable de la situación. Al menos en la sociedad chilena aún se perciben ciertos conceptos machistas ante la idea de la maternidad. En este sentido -destaca la especialista- el cuidado de los hijos se asume como responsabilidad exclusiva de la madre. “Cuando un hijo se enferma, en la mayoría de los casos es la madre quien pide permiso para quedarse a su cuidado, las salacunas son obligatorias en empresas que tengan más de 20 mujeres… Como si los hombres no tuviesen hijos”, cuestiona.

Manifiesta que con esta visión se precariza el empleo femenino y se pone el llamado ‘techo de vidrio’ a las mujeres. Se precariza porque muchas empresas o no contratan a mujeres en edad reproductiva o no las ponen en líneas para asumir cargos de mayor responsabilidad.

¿Qué papel juega la educación en relación al hecho de convertirnos en madres solteras? La educación abre enormes puertas, pues per- mite por una parte ser más claras y convincentes a la hora de demandar los derechos y, por otra, facilita la búsqueda de información relevante para encontrar respuestas a las interrogantes que la maternidad abre. Del mismo modo, permite elaborar estrategias de afronta- miento de la maternidad que sean no solo útiles, sino también que entreguen un contexto de autocuidado para el hijo y la madre.

La experiencia de serlo

Paula Lillo, chilena, madre de tres. Ana Marín, emigrante venezolana, madre de uno. Ambas con realidades distintas, pero responsabilidades similares: criar solas a sus hijos. Hoy, pasados los años, son mujeres que vuelven a encontrar un punto en común: la satisfacción de poder con ello.

Y es que si bien es cierto que ser padre y madre a la vez no es tarea fácil y que son muchas las situaciones difíciles a las que debe enfrentarse, la posibilidad de sacar adelante y convertir a niños en hombres y mujeres de bien no queda tampoco alejado de la realidad. En tal sentido, el principal reto para Paula fue soportar la discriminación por parte de quienes creen que una familia es disfuncional cuando está ausente la figura paterna, sumado al tener que hacerse cargo de todo, “desde ser proveedora hasta ser quien los abraza para calmar sus penas”. Hay que ser fuerte y a la vez sensible, ya que se deben cumplir ambos roles, asegura.

Manifiesta que la etapa que le resulta más difícil es la de la niñez, por ser la más agotadora. Su principal miedo: que le pase algo y dejar desprotegidas a sus hijas; y su mayor enseñanza: entender que no necesita de una figura paterna para lograr que cumplan sus sueños y expectativas en la vida, porque, a su juicio, “todo se puede lograr queriendo”.

¿Alguna situación que te haya marcado?

Uf, muchas situaciones. Creo que una que me ha marcado es el darme cuenta de que estoy sola, y aunque mucha gente me diga que está ahí, eso no es así, porque finalmente una tiene que estar bien para sus hijos. Y la otra es explicarles por qué no tienen a su padre al lado, ya que ellos ven que muchos de sus compañeros viven con ambos.

¿Si tuvieras que calificarte, qué puntuación te darías?

Como madre es difícil, porque una siempre tiene sentimientos de culpa por trabajar, por retar o hasta por pasar poco tiempo con ellos, pero puede ser un 5.

Ana, por su parte, señala que la etapa más difícil ha sido la de la adolescencia, y hoy, con un hijo de 17 años, considera que ha sido la calma, la fuerza y el amor los que la han ayudado en el proceso y a ofrecerle una educación inculcada en valores.

Dice que uno de los momentos más especiales fue cuando su hijo le dedicó un estado en redes sociales a propósito del Día del Padre, felicitándola por ser el mejor papá del mundo. “Eso me llenó de una manera que me creí la supermamá”, resalta con emoción.

Recomienda a otras mamás en la misma situación dar siempre el mejor de los ejemplos, man- tener una buena comunicación y hacerles entender que unidos podrán con todo. No quiere calificarse, porque aunque considera que no lo ha hecho mal, es una responsabilidad que le deja a su hijo. Su condición de emigrante le ha sumado nuevos retos al desafío de ser una madre soltera, pero “Dios siempre ha sido mi guía”, puntualiza.