Temas: Murga: Música de sátira y reflexión

Temas: Murga: Música de sátira y reflexión
10-01-2019 Tags: ,

Un género musical que en Chile ha crecido y que hoy cuenta con importantes exponentes.

Llegó desde Uruguay a nuestro país encantando a muchos por su puesta en escena arriesgada y una musicalidad que evoca nuestra memoria colectiva. 

Por: Lisette Ávila O.

 

Si ha visto por Santiago un grupo de músicos llevando un vestuario muy colorido, el rostro maquillado e instrumentos como bombo, caja y platillos, entonces ha estado en presencia de una murga. Un género musical que surgió en Uruguay y que llegó a Chile hace 13 años, introduciendo los ritmos carnavalescos y una mirada aguda sobre nuestra sociedad. Relatos sobre el origen de la murga hay muchos; sin embargo, la versión más difundida y conocida cuenta que en 1906 llegó a Uruguay la compañía española de zarzuela ‘La Gaditana’ con el fin de presentarse en el Teatro Casino. Los artistas no lograron llenar su espectáculo y, para recuperar el dinero gastado en el viaje, decidieron llevar su show a la calle, donde finalmente triunfaron. Debido a ese hecho es que al año siguiente, en Uruguay, una agrupación llamada ‘La gitadita que se va’ realizó una parodia de lo sucedido con los artistas españoles y es así como surgió la murga en Uruguay.

La murga llegó a Chile en 2005, cuando el percusionista uruguayo Eduardo Pedro Lombardo realizó un taller de murga en la Universidad Vicente Pérez Rosales (Inacap). De ese curso surgió la primera murga chilena, que se llamó La Urdemales, que hasta la fecha realiza presentaciones y seminarios por nuestro país. “Posteriormente la murga La Urdemales impartió talleres sobre el género tanto en Santiago como en Valparaíso. De esa murga nace la idea de crear una murga femenina, hecho bastante importante, puesto que en Uruguay las mujeres casi no tienen participación en este género, que es esencialmente masculino. Es así como surgen Zamba y Canuta y actualmente la Corre y Vuela, murgas chilenas de mujeres”, explica Carolina Martínez Mella, directora de Murga Antiburga. En general, una murga la integran 18 artistas y los ritmos que tocan son el candombiao, la marcha camión y la samba. “La murga es un género músico-teatral polifónico y escénico que construye su espectáculo en torno a una línea argumental que tiene como temáticas centrales las problemáticas sociopolíticas de un lugar determinado o del mundo en general, y que se desarrolla dentro del contexto de carnaval”, explica Carolina Martínez.

En el espectáculo nada es al azar. Desde sus vestimentas hasta su maquillaje, todo es una extensión de las emociones que quieren transmitir los artistas, que buscan principalmente hablarle a su pueblo. Es por ello que las letras de los temas cuentan lo ocurrido durante cierto periodo de tiempo en su país o en el mundo. Se hace crítica a los acontecimientos mediante la sátira, la parodia y la música. En ese sentido, cada país puede denunciar aquello que necesita decir. También integra los sonidos que están en el inconsciente colectivo de su pueblo. La cueca, el vals, el bolero e incluso el rock también pueden ser utilizados en ella. Además, en cada región las murgas tienen su particularidad: en España, por ejemplo, utilizan más de una guitarra; en Uruguay ocupan solo una guitarra originalmente, aunque en la actualidad se han integrado en ocasiones otros instrumentos; en Argentina existe un tipo de murga donde participan bailarines, lanzallamas y malabaristas; y en Chile, explica Carolina, “la Murga Antiburga instauró por primera vez en el género la inclusión del canto a lo poeta, reivindicando en escena la poesía en décimas y la utilización del guitarrón chileno”.

En el espectáculo nada es al azar. Desde sus vestimentas hasta su maquillaje, todo es una extensión de las emociones que quieren transmitir los artistas, que buscan principalmente hablarle a su pueblo.

Murgas chilenas

En 2013 surgió Murga Antiburga, compuesta por estudiantes de Pedagogía, profesores y asistentes sociales, entre otros profesionales. Carolina Martínez es profesora de música y directora de esta agrupación musical, que ha desarrollado una sonoridad inspirada en las cantatas populares chilenas y en la música folclórica tradicional. “Es importante para nosotros poner en el escenario instrumentos olvidados y poco reconocidos por nuestro pueblo, como el guitarrón chileno, la guitarra traspuesta y la lírica en décimas que une a Latinoamérica. Brindar espacio a la cueca, la tonada y reflejar en el discurso la insatisfacción que por años se ha mantenido dormida en los chilenos es parte de nuestro trabajo”, señala.

Sobre su rol de directora, Carolina comparte que su labor ha requerido de perseverancia, esfuerzo constante y humildad. “Nuestra murga es mixta, entonces dirigir a un grupo donde la mayoría son hombres requiere de una fortaleza y confianza extra frente a mí misma, más que hacia mis compañeros. Históricamente la música hecha por mujeres ha sido calificada como débil y dulzona y sacarse ese estigma se logra rezándole a Violeta Parra y a otras tantas musas de la música latinoamericana, de quienes hay tanto de que aprender”.

El show de Antiburga consiste principalmente en cantar y dar un mensaje sobre la crisis política y social que vive Chile, sobre los problemas relacionados con la educación y la salud. “También hablamos sobre el deterioro de nuestra identidad, el rescate de la memoria y la reivindicación de nuestros pueblos”, señala Carolina.

Nacieron Chicharra es otro de los exponentes chilenos de este género. Surgió en 2017 y se ha hecho conocida por su crítica hacia el machismo, el conservadurismo y la homofobia. Es la primera y única murga de integración masculina, cuenta su director, Matías Sánchez, quien comparte que la tarea de guiar el proceso artístico colectivo requiere mucho trabajo . “En nuestro show hay una exploración constante en el lenguaje de los momentos serios de denuncia y reflexión. Por ejemplo, uno de nuestros bloques está dedicado a Daniel Zamudio y con él queremos mostrar que las palabras mal usadas pueden generar daños enormes”, dice. Matías explica que Nacieron Chicharra es una murga clásica, es decir, con sonoridad masculina, solos virtuosos y emocionantes, y una estética potente. “Al ser integrada solo por hombres los arreglos musicales se han adaptado a la voz masculina, a sus potencialidades y limitancias”, explica.

Solo mujeres, en la mayoría cantantes, percusionistas, sicólogas, estudiantes de Música y artistas visuales son las que integran la primera murga femenina chilena, Zamba y Canuta. “Todas compartimos el amor por el canto y juntas hemos ido potenciando nuestras habilidades actorales, vocales y escénicas”, cuenta Francisca Benítez, directora de esta agrupación. El show que presenta esta murga se llama ‘Hecho en Chile’ y es un montaje que transcurre en una casa ficticia de una abuela chilena de clase media, quien cuida a su nieta menor e invita a su familia a un almuerzo. A medida que la historia avanza, entre diálogos y canciones, se van relatando distintas realidades cotidianas de quien vive en Chile. “Nuestro espectáculo busca rescatar melodías y ritmos cercanos y conocidos de la cultura popular chilena, generando que el público, mediante el humor y la reflexión, se identifique y emocione con sus letras y personajes”, señala.