Tengo un hijo(a) gay

Tengo un hijo(a) gay
14-03-2019 Tags:

Por: Lisette Ávila O.

Qué hacer cuando un hijo revela su orientación sexual es una situación que muchos padres no saben enfrentar. Es por ello que le hemos consultado a una especialista en terapias familiares cómo abordar ese momento vital, para así construir juntos una sociedad más diversa e inclusiva.

 

Desde siempre sentí un interés hacia los hombres, pero como mi familia estaba conformada por padres que ejercían roles inversos (madre autoritaria y controladora y padre sumiso y manipulable) no era muy alentador siquiera pensar o permitirme llegar a sentir algo hacia ellos. Además, fui criado por mi abuela y ella lamentablemente era muy creyente, y eso reprimió todavía más mi deseo. El tiempo pasó y cuando entré a la universidad fui a una fiesta de bienvenida a mechones, donde conocí a un hombre de 30 años.

Comenzamos a bailar y poco a poco eso me ayudó a sacar todas las trancas, cuestionamientos, culpas y sufrimientos por ser o sentir lo que en ese baile era tan obvio y permitido: ser colita. Luego pasó de todo… Rápida y fugazmente, y casi sin nada de afecto. Después de conocer dos o tres hombres más me di cuenta de que por ahí iba mi futuro. Obviamente necesitaba gritarlo al mundo entero, pero decidí decírselo a la persona más importante de mi vida: mi mamá.

Como nunca logré verbalizar ni imaginar que era homosexual, en el liceo fui muy pololo y besé a varias compañeras queriendo seguir el modelo y patrón tradicional: esposa e hijos. Un día mi madre me comentó que una vecina, con la cual yo había tenido un romance, sería madre y empezó a sugerir y bromear que ese hijo podría haber sido mío. Ese fue el momento que tuve para aclarar ciertas cosas y mostrarle quién era su hijo.

¿Su reacción? Primero me ofreció sicólogo, luego me dijo que sufriría por la clase de vida que estaba eligiendo porque sería todo inestable y dramático. Sin embargo, lo que vino luego de eso sí que fue dramático… Escuchar a mis padres peleando todos los días, todas las noches y tener que hacer dormir a mi hermano de tres años, que se despertaba por las agresivas palabras que se decían. Entonces decidí enfrentarlos y les aclaré que lo que hiciera con mi vida no les interesaba… Unos días después conocí a mi primer ‘parejo’ y me fui de la casa. Esa acción fue lejos lo mejor que hice en mi vida y desde ahí empezó obviamente otra realidad, pero ya menos cargada de fantasmas sociales, familiares y personales que te impiden ser libre y feliz”.

El testimonio que se atreve a compartir acá el diseñador Jorge Vargas –y luego de 42 años– es la experiencia que muchos jóvenes viven a diario cuando deciden contarles a sus padres que son gays. Una revelación que para muchos marcará un antes y un después en la relación con sus progenitores y que es crucial para la autoaceptación.

Para que no sucedan más hechos en Chile como los de Daniel Zamudio y de Carolina Torres Urbina, la familia debe ser el primer eslabón en esta cadena de contención, además de una legislación que castigue los hechos de violencia homofóbica. Esta última considera en el ‘XVI Informe Anual de Derechos Humanos: Diversidad Sexual y de Género en Chile’ como gran violencia: “Golpizas con manos, pies, fierros, trabavolantes, martillos o cinturones, montajes contra la honra y dignidad humana, amenazas de fuego, secuestro, fracturas de cráneo, apuñaladas, desfiguración de rostros, pérdida de dentadura”. Todo esto fue parte del crudo resultado que dejó 2017 y que motivó a la expresidenta Michelle Bachelet a impulsar una agenda proigualdad.

Aprender a contener

“No sé cuando supe que mi hija era lesbiana, solo tenía un presentimiento. Mi hija era líder en su grupo de amigos y nunca la vi interesada en ninguno de ellos, y a pesar de tener una juventud muy entretenida, sentía que guardaba algo que no la hacía feliz.

Un día nos sentamos a conversar y yo le dije directamente que presentía que era lesbiana. Ese día le dije que yo la amaba y que si esa era su orientación sexual, tenía que ser feliz. Desde ese momento su actitud cambió y comenzó a ser feliz y a reírse nuevamente. Obviamente me hice algunas preguntas, como si el hecho de haberme separado de su madre y haber tenido otras parejas le pudo haber afectado a ella, pero la verdad es que fue solo un momento, pues nuestra relación se hizo más fuerte.

Yo no tuve que asumir nada, solo dejar que ella fuera feliz y entendiera que yo aceptaba su lesbianismo sin ningún problema. Solo me preocupaba su actitud afuera, que fuera cuidadosa y no se expusiera mucho porque hace 15 años ser gay en Chile era muy castigado por la sociedad y no quería que le pasara nada”, comparte Javier Rebolledo.

Según Gabriela García, sicóloga en adolescencia y terapeuta familiar y de parejas del Instituto Chileno de Terapia Familiar, la conciencia de ser diferente a la mayoría y sentirse atraído por personas del mismo sexo comienza en la mayoría de las personas a la misma edad en que una persona heterosexual se siente atraída por el sexo opuesto: en la adolescencia o antes. “Cuando existe aceptación y apoyo familiar se observa en los jóvenes y adultos mayor aceptación de su orientación sexual, bienestar sicológico y mejores estrategias y habilidades sociales. Estudios revelan también el efecto positivo de las interacciones sociales con aceptación, del apoyo comunitario, de la posibilidad de modelos positivos de la diversidad sexual y de la pertenencia a grupos con personas LGB”, explica Gabriela.

La experta señala que es necesario tener en mente que la revelación de una hija/o es para ellas/os un intento de construir confianza o un indicador de que ya la tienen, por lo tanto tendría que ser valorado como algo positivo por los padres y nunca censurado o reprimido. “Asimismo, hay que considerar que en este tema es el hijo/a quien sabe lo que significa vivir como LGB, por lo que suele tener más información y experiencia, y que es necesario escuchar. La aceptación familiar es fundamental para un mejor desarrollo de la identidad y autoestima de jóvenes, por lo que transmitir ese mensaje debiera ser la prioridad”, explica. Enfrentar el tema como padres requiere también de un acercamiento a otras personas LGB, pues así se destruyen mitos y prejuicios y se construye una nueva realidad, más empática y cercana a la diversidad sexual en general. “Existen organizaciones y fundaciones que trabajan para lograr derechos, inclusión y visibilidad de la diversidad sexual. Acercarse a estos lugares para obtener información resulta de ayuda para normalizar la experiencia. Algunas familias resultan beneficiadas con el apoyo sicológico, lo que les permitirá entender y cambiar la posible homofobia que en algunos padres y madres es la causante del rechazo que experimentan (sin desearlo) ante sus hijos/as, elaborar los sentimientos de culpa y trabajar sobre las dinámicas familiares conflictivas que emergen ante una noticia o realidad no deseada para algunas familias”, concluye la profesional.