Historia del bronceado

Historia del bronceado
16/02/2016

Hace muchos años tener una piel dorada por el sol significaba que se trabajaba en precarias condiciones, pero desde la segunda década del siglo XX fue símbolo de deporte al aire libre y vacaciones en la playa. Es decir, subió de estatus.

Durante sus vacaciones de 1923 la famosa modista francesa Coco Chanel se embarcó en el yate Westminster para recorrer el Mediterráneo. A su regreso la esperaron algunos fotógrafos que la inmortalizaron en el puerto con un llamativo bronceado. La foto, que se publicó en varios medios, impuso la moda del ‘tono fascinante’ y de paso echó por tierra la tendencia de la etérea cara pálida.

Hasta esas fechas las mujeres preferían la piel blanquísima, no solo por imperativo de la moda, sino también como signo de estatus social. Un cutis bronceado era símbolo de trabajo arduo a
pleno sol, de faenas duras en el campo y también de pobreza. Por el contrario, el pálido significaba una vida con más recursos y menos esfuerzo físico. Todo ello quedó atrás a causa de Coco, esa
agraciada creadora a la cual las mujeres también le deben el haberlas liberado del corsé, el instrumento de tortura con que estrechaban sus cinturas.

La moda del bronceado se impuso con fuerza, a tal punto que la industria cosmética acusó recibo. La marca Jean Patou lanzó en 1927 el primer aceite bronceador del mercado, que fue éxito comercial de inmediato. Así, poco a poco, la piel dorada por el sol dejó de significar trabajo en condiciones precarias y comenzó a ser símbolo de vacaciones, vida al aire libre y deporte. Los
médicos, además, aconsejaban a sus pacientes que se dieran los llamados ‘baños de sol’ para curar males como los trastornos del ánimo y la depresión.

En los años 50 las firmas de bronceadores se fueron consolidando y con ello instalaron en los balnearios norteamericanos grandes anuncios donde aconsejaban ‘Don’t be a paleface’ (‘No seas un cara pálida’). En los años 60 el ideal era ser atlético, deportista y, por supuesto, bronceado. Era la época en que la banda The Beach Boys grabó Sunfin in U.S.A, canción que invitaba a vestir sandalias y tomar las tablas para surfear en las costas norteamericanas, y California Girl, que aseguraba que las chicas de ese estado eran las más hermosas por su bikinis y piel dorada.

En la década de los 70 no cambiaron mucho las cosas, ya que todavía no estaba masificada la conciencia del daño que producía el sol en la salud de la piel. En esos años el lema era la libertad y los hippies seguían esa premisa a cabalidad. Sol y aire libre eran el escenario ideal para los jóvenes que en esos tiempos escuchaban a la cantante argentina Tormenta entonando ‘Padre Sol’ y al grupo español Fórmula V, que monopolizaba las radios con su éxito Eva María’, tema que contaba la historia de una joven que “se fue buscando el sol en la playa”. En esos años salió al mercado la polémica muñeca Barbie Malibú, que además de su piel morena, pelo rubio dorado y kilométricas piernas, venía con anteojos de sol y una botellita de bronceador.

El bronceado no solo siguió de moda en los años siguientes, sino que fue reforzado por íconos cinematográficos. Uno de ellos fue Bo Derek, quien con sus trencitas en el pelo corría con su traje de baño dorado en la playa en la cinta 10, la Mujer Perfecta.

Paralelamente, la Academia Americana de Dermatología impartió el primer programa educativo sobre el riesgo de los rayos UVA y UVB. Las camas solares en los 90 permitieron broncearse fuera de la temporada de playas, pero al poco tiempo entraron en desgracia porque fueron desaconsejadas por los especialistas debido a que producen tanto daño como el sol. Lo hicieron justamente
cuando ya se registraban casos de tanorexia, un concepto que definía la obsesión por broncearse.

Poco a poco las personas comenzaron a tomar conciencia de que los rayos ultravioleta son los responsables del aumento del cáncer a la piel, del envejecimiento cutáneo prematuro y de otras afecciones. El bronceado extremo se fue en retirada y dejó paso a uno responsable. La tendencia actual es el ‘beso de sol’, que significa un dorado leve que denote vida saludable y sol tomado con productos protectores.

Para los que desean un tono fascinante sin sol hay productos como polvos bronceadores, autobronceantes y hasta nutricosméticos que lo otorgan sin necesidad de aparecerse por la playa o la piscina. La idea ahora es aprovechar los beneficios de la luz solar como su efecto en alteraciones del ánimo y su acción en la síntesis de vitamina D, crucial para la absorción del calcio, pero
evitar su lado negativo. Para ello, las medidas son simples: evitar el sol en horas peligrosas (de 12 a 16 h); elegir un factor de sol adecuado al tipo de piel y reaplicarlo cada tres horas; hidratarse bien, y usar anteojos de sol y sombrero.