Los hitos de la planificación familiar

Los hitos de la planificación familiar
26-03-2019 Tags:

Planificación familiar

Hace más de 50 años se comenzaron a realizar las primeras acciones de parte de la autoridad de Salud para que las mujeres pudieran tener la cantidad de hijos que quisieran y en el momento que consideraran más oportuno.

 

Una tasa de mortalidad materna muy alta, en gran medida debido a abortos provocados, y una mortalidad infantil inquietante y relacionada a bajos niveles de vida hicieron que hace más de medio siglo la autoridad sanitaria decidiera realizar las primeras acciones de planificación familiar.

Antes de 1965, la mortalidad materna alcanzaba a 279 defunciones por cada 100 mil nacidos vivos y 120 de mil guaguas no sobrepasaban los pocos meses. La tasa de hijos por mujer era de 5,4 y la fuerza laboral femenina alcanzaba solo el 21%. Todas esas cifras cambiaron paulatinamente cuando las mujeres empezaron a decidir libremente el número que deseaban procrear: la tasa de mortalidad materna descendió a 20 en el año 2000 y la tasa global de fecundidad bajó dramáticamente a 1,9 en el año 2010. La participación actual de las mujeres en el campo laboral es del 48%, según la Comisión Nacional de Productividad.

La directora ejecutiva de la Asociación Chilena de Protección de la Familia (Aprofa), Débora Solís, asegura que esa política de planificación familiar marcó un precedente en salud reproductiva en los años 60. “La mayor apertura en estas tareas tuvo una directa implicancia en la autonomía y libertades de las mujeres. Ellas pudieron decidir cuándo tener hijos y cuántos también”, dice, y destaca que actualmente la salud sexual está tomando terreno, lo que es muy relevante “porque si bien es muy importante la reproducción, ahora se incorporan otros derechos de las personas, como lo son el placer, el consentimiento, la autonomía del goce, autocuidado en salud sexual, prevenciones de infecciones de transmisión sexual, etc.”.

En cuanto a métodos de planificación también ha habido cambios. En un primer tiempo “solo se hablaba de pastillas anticonceptivas y preservativos”, dice Débora Solís. En la actualidad, en cambio, existe una gama mucho más amplia: implantes, dispositivos intrauterinos (DIU) de cobre, DIU hormonales, esterilizaciones quirúrgicas, diafragmas cervicales, inyecciones, parches, anillos vaginales e incluso métodos naturales.

El jefe de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Indisa, doctor Antonio Carvajal Moreno, señala que los más frecuentes en la población chilena son los métodos hormonales y, entre ellos, las pastillas de uso oral. “También se utilizan, pero en menor porcentaje, una pequeña cápsula que se inserta debajo de la piel y cuyo efecto dura alrededor de tres años, y los parches, anillos vaginales, inyectables, entre otros. También está el dispositivo intrauterino, DIU. Entre ellos, el más frecuente es una cápsula de progesterona de liberación lenta y que dura aproximadamente cinco años”, aclara. El médico agrega que una medida que se está adoptando es la esterilización tubaria quirúrgica, “pero esta es permanente y requiere una nueva cirugía para reanastomosis posteriormente si desea un nuevo embarazo o una fertilización in vitro”.

El facultativo expresa que cuando una mujer o parejas solicitan consejería sobre planificación familiar, el profesional de salud, ya sea médico o matrona, explica todos los métodos disponibles, señalando los beneficios y las contraindicaciones de cada uno de ellos. “Después de esto suele ser la paciente quien decide, a no ser que exista una contraindicación médica para ello”. Entre los factores de riesgo a considerar están: tabaquismo, reversibilidad, paridad, preferencia de la paciente, sobrepeso, hipertensión arterial, diabetes, trombosis y enfermedades crónicas.

A pesar de los avances que ha experimentado la población chilena en la materia durante las últimas cinco décadas, Débora Solís cree que el país todavía tiene una deuda enorme en educación sexual integral. “Eso tiene una directa consecuencia en la salud integral de las personas y en su derecho a decidir libremente”. Añade que también es fundamental contar con asesoría completa en todos los métodos anticonceptivos, para que así todas las mujeres puedan acceder realmente a una planificación familiar. “Si no existe un real acceso para todas, la deuda sigue pendiente. Todas deben de verdad elegir libremente el mejor método con la mayor cantidad de información posible, y estamos a años luz de eso”, indica, a la vez que añade que la falta de información o de una asesoría adecuada se ve reflejada en la baja tasa de embarazos planificados.

Un escenario ideal sería, según Débora Solís, que las mujeres cuenten con posibilidades reales para tomar decisiones a lo largo de toda su vida. “En primer lugar, que tenga acceso a educación sexual integral desde los primeros años de escolaridad para que se reconozca como sujeto de derechos y con capacidad de decidir acerca de su cuerpo. Y, en segundo lugar, que el Estado la provea de los servicios públicos que se requieren para dar respuesta a sus necesidades”. Los beneficios, insiste, serían menos problemas de salud física y mental, mujeres con real capacidad de tomar decisiones y menos violencia de género, entre otros. “En resumen, relaciones más sanas y mujeres más felices que son capaces de tomar las riendas de sus propias vidas”.