Preescolares en riesgo

Preescolares en riesgo
13-09-2018 Tags: ,

Detectar a tiempo cuadros emocionales que puedan ser determinantes en el futuro es la tarea de padres y educadores.

Una investigación publicada en la revista Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology reveló que los niños chilenos menores de seis años sufren la peor salud mental del mundo.

 

Que “los niños son el futuro de un país” es una frase recurrente de políticos y filántropos preocupados por el bienestar y desarrollo de una nación. Sin embargo, cuando se revelan estudios que dan cuenta de la vulnerabilidad emocional en que se encuentra la población infantil pareciera que es oportuno desarrollar políticas públicas que los consideren aun más.

Un cuestionamiento válido cuando se difunden investigaciones como la publicada en la revista Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, que reveló que los niños chilenos menores de seis años sufren la peor salud mental del mundo. El estudio, que fue realizado por un equipo internacional de científicos y que consideró a 24 países concluyó que la ansiedad, la depresión, la hiperactividad y las conductas agresivas son algunos de los cuadros que agobian a los preescolares.

Un desafío no menor considerando que en el Plan Nacional de Salud Mental (2017-2025) -publicado por el Ministerio de Salud en octubre de 2017- se señala que “el gasto público en salud de nuestro país es muy bajo en relación a los países desarrollados, y en salud mental llega solo al 2,4% del gasto total en salud, muy lejos de la recomendación mínima de la OMS. Esto reduce la cobertura y obliga a desarrollar tareas principalmente curativas, genera gastos de bolsillo a las personas, aumenta la automedicación de sicofármacos y sobrecarga a los equipos de salud”.

Aprender a reconocer dichos cuadros y saber enfrentarlos en familia es el primer plan de acción para detener a tiempo una mala salud mental en niños preescolares. Así lo advierte Enrique Sepúlveda, siquiatra de Clínica Santa María, quien aclara que una buena salud mental en niños implica que un infante pueda tener un bienestar físico, social y sicológico. “Significa que un niño pueda dedicarse a las tareas del desarrollo sin necesidad de que tenga que angustiarse por un entorno impredecible. Esto se puede traducir a si la mamá o el papá están presentes o ausentes, y si las condiciones ambientales son estables o inestables. Cuando esas condiciones se dan es porque de alguna manera hay un vínculo estable seguro, hay una figura de apego estable y permanente. Usando una analogía, es que el niño no tenga la necesidad de mirar para atrás a cada paso que da para proyectarse en la vida con seguridad para adelante”.

Al respecto, el facultativo comparte que a su consulta llegan niños que presentan compromisos emocionales, irritabilidad, pataletas difíciles de manejar y compromisos del desarrollo (problemas de lenguaje y algún déficit cognitivo). “Habitualmente los niños llegan a la consulta cuando la situación es mucho más visible para su entorno”, señala.

Una experiencia distinta ha tenido el sicólogo infantil Gregorio Valenzuela, quien cuenta que “en mi consulta atiendo principalmente a niños que se encuentran en dificultades en sus sistema familiar de desarrollo, padres con déficit en sus habilidades y competencias para la crianza en aspectos como la empatía, apego, organización y disposición para acompañar al niño en su desarrollo”, dice.

¿Pero cómo identificar cuando un niño sufre de ansiedad o algún otro cuadro afectivo que dificulte su desarrollo?

Sobre ello, Sepúlveda señala que hay factores de alerta a los que hay que estar atentos: uno, cuando los niños manifiestan ansiedad por separación cuando entran al jardín. Si el cuadro se extiende por mucho tiempo es motivo de consulta; otro se da cuando en periodo escolar siguen haciendo pataletas llamativas en la casa y en la calle, y les cuesta mucho regularse. Por último, el especialista señala que también hay que poner atención en esos niños más inhibidos, que se regulan mucho, que no reclaman, que no lloran y que son más pasivos. “El periodo preescolar es más bien de observación y seguimiento, más que de buscar diagnósticos. Si no, vamos a estigmatizar a muchos niños con conductas que son quizás comprensibles por el periodo madurativo, pero que no necesariamente implican algún cuadro preciso a esa edad”, aclara.

Sobre si la genética es o no determinante en el desarrollo de algún trastorno del ánimo, Gregorio Valenzuela señala que “la genética está en interacción con el ambiente que genera las condiciones para detener o gatillar las distintas problemáticas. Lo fundamental para mí es intervenir en el sistema en que se desarrollan los niños y generar las condiciones para su bienestar integral”, señala.

Pese a que los estudios sobre salud mental en nuestro país revelan un aumento en los casos de depresión en adultos, la población está mucho más consciente de la problemática. Así lo ha constatado el doctor Sepúlveda, quien señala que “cada día la población en general y los profesores que trabajan con preescolares tienen conciencia de que situaciones de ese tipo es mejor consultarlas a tiempo. ¿Eso qué significa? Que si trabajamos a nivel preescolar por motivos de consultas de tipo conductuales y emocionales, estamos haciendo una tremenda labor preventiva y social, porque una pataleta que los papás no manejen bien, un cuadro emocional o una angustia por separación que no se aborde eficientemente a esa edad sí podría influir de cierto modo en las siguientes etapas del desarrollo”, concluye.