De las piedras al láser

De las piedras al láser
10-01-2019 Tags:

Mundo Beauty

En la antigüedad existía la costumbre de rasurarse con piedras y conchas de mar. Luego aparecieron las navajas, las cremas y ceras, instrumentos que aún sirven para cumplir con la costumbre de presentar una piel tersa y sin vellos.

 

Los pelos del cuerpo tienen la función de ayudar a distribuir el sebo de la piel y mantener su hidratación, pero son considerados antiestéticos, especialmente en el cuerpo femenino. Por lo mismo, las mujeres se los han arrancado con energía y dedicación desde tiempos inmemoriales.

Todos los pelos que no sean pestañas, cejas o cabellos fueron declarados a lo largo de la historia como enemigos mortales de la buena presentación y eliminados con todo tipo de métodos. Algunos amables y rápidos, pero otros dolorosos e irritantes.

La costumbre de depilarse comenzó en la época de las cavernas, cuando hombres y mujeres se rasuraban para camuflarse mejor de los depredadores, que en esos tiempos eran muchos. Para realizar esa tarea usaban conchas de mar y piedras filosas. Obviamente, la higiene no era prioridad. Más tarde, en el antiguo Egipto, surgió una cultura más sólida de la depilación y se comenzaron a elaborar cremas depilatorias en base a sangre y grasa de animales, miel o azúcar, y luego se fabricaron navajas de hierro. Ser lampiño en esos años tan pretéritos era considerado higiénico y una característica fundamental de la preocupación por sí mismo. Los griegos también pensaban que los pelos que no fueran los de la cabeza, pestañas y cejas se veían mal. Por lo mismo, las mujeres frotaban las zonas a depilar con una piedra pómez para sacarlos de su anatomía y de sus vidas. Las romanas, especialmente las de clases más privilegiadas, tampoco se quedaron atrás en esa costumbre y recurrieron a navajas, pinzas y resinas. Los historiadores de las costumbres aseguran que en la Edad Media las mujeres no dejaron de depilarse y tampoco las que vivieron durante el Renacimiento. En un libro fechado en esas épocas se entregan consejos para quienes desean sus piernas y brazos despejados. “Mezcle cal viva y arsénico, y aplíquelo. Cuando sienta calor en la piel, retire la mezcla. Hágalo antes de que se le caiga la carne”, decía esa receta digna de cuento de horror. No se sabe si alguien siguió esas recomendaciones, pero sí que el ideal de belleza era la piel blanca, transparente y sin pelos que le restaran tersura. Así por lo menos se nota en pinturas como ‘El nacimiento de Venus’, de Sandro Boticelli, donde la protagonista aparece con cejas perfiladas y piernas despejadas.

Primeras afeitadoras

Durante el siglo XVII las mujeres se pusieron más razonables y dejaron de arriesgar sus vidas y la salud de su piel con métodos peligrosos o poco higiénicos para librarse de los vellos. Usaron rasuradoras y cuchillas para despoblar piernas y axilas hasta que el francés Jean Jacques Perret inventó la primera afeitadora. Aunque lo hizo pensando en las barbas masculinas, ellas no tardaron en pedirla prestada con la intención de quedar impecables en un rato. Luego, en 1844, apareció la primera crema depilatoria y en 1880 Gillete lanzó al mercado una afeitadora cuyas hojas se podían cambiar. Solo años después, en 1915, la misma empresa presentó una pensada exclusivamente para mujeres, y en 1940 Remington fabricó por primera vez una máquina afeitadora eléctrica que prometía rasurar sin el peligro de cortes. Señoras y señoritas de esa época la usaron felices, ya que la moda había acortado las faldas y las mangas, por lo que brazos y axilas quedaban al descubierto.

La historia contemporánea de la depilación considera navajas desechables, cera depilatoria, bandas depilatorias en frío, cremas y hasta tratamientos de depilación definitiva. Cada método tiene sus ventajas y desventajas, por lo que las consumidoras eligen el más adecuado según su piel, tiempo, bolsillo y comodidad. Las navajas, por ejemplo, constituyen un método rápido pero que dura muy poco, ya que cortan los pelos a ras de la piel. Las bandas en frío son limpias, pero requieren cierta habilidad para usarlas y no son tan eficientes para zonas más extensas o con demasiados vellos. Las cremas producen en algunas mujeres irritación y la cera, que es una de las soluciones más usadas en Chile, no es aconsejable para las que padecen de várices. Además se trata de un sistema que no ofrece limpieza y hay que tener cuidado con las quemaduras e irritaciones.

La depilación a largo plazo en base a láser no es barata y requiere de varias sesiones para obtener resultados óptimos, pero sin duda es la mejor vía para las mujeres que quieren seguir la costumbre de andar lampiña pero sin tener que esclavizarse. Es más caro, deja la piel fotosensible y requiere que sea administrada por una profesional.

Razones para no depilarse

A pesar de que eliminar los vellos del cuerpo es una práctica ancestral y socialmente bien vista, hay mujeres que se niegan a hacerlo. Las más convencidas conforman el movimiento #NoShave, que incita a liberarse de lo que ellas denominan “una muestra del control patriarcal”. Entre sus argumentos están el hecho de que los vellos tienen la función de proteger la piel y que depilarse produce dolor y trabajo, además de requerir tiempo. “Depilarse debe ser una decisión y no una obligación”, dicen, mientras exhiben orgullosas sus axilas y bozo oscuros. Entre las más famosas están Miley Cyrus, Madonna, Julia Roberts, Beyoncé, Penélope Cruz, Britney Spears y hasta la glamorosa Paris Hilton.