Antonia Santa María: Reconfortante pausa

Antonia Santa María: Reconfortante pausa
30-08-2018 Tags: ,

No descarta volver a las pantallas, pero por ahora disfruta este periodo.

Después de más de una década en el área dramática de Televisión Nacional, esta actriz se ha dedicado a las tablas

Por: Alejandra Gajardo / Fotos: Rodrigo Cisterna / Maquillaje: Valentina Rojas / Producción: Belén Muñoz 

 

Los 80 fueron años de brillos, cabelleras abundantes, maquillajes extremos y también de música muy variada. En las radioemisoras se escuchaba rock de cantantes y agrupaciones de distintas partes del mundo, pero también composiciones populares de letras melosas y hasta teatrales. A su vez, la televisión emitía telenovelas latinoamericanas cuyos guiones demostraban que la simpleza no estaba de moda. Intrigas, rivalidades, infidelidades, situaciones lacrimógenas y despechos eran parte de estas teleseries, donde las bofetadas, gritos y balazos eran parte importante de sus tramas. Lo eran también los personajes masculinos, que respondían a la imagen del macho latino. Los femeninos, en cambio, reflejaban estereotipos contrapuestos: o eran virginales, sencillas y piadosas, o sofisticadas, pérfidas y enredosas.

En ese mundo de telenovelas que vinieron de países como México y Venezuela y que protagonizaron la parrilla programática de los 80 se inspiró el musical Morir de Amor, una producción que se ofreció hasta el pasado 26 de agosto a tablero vuelto y que fue muy alabada por la crítica. Una de sus protagonistas fue la actriz Antonia Santa María, quien le dio vida a Ana Luisa, la matriarca de un clan histriónico en el que hay engaños y traiciones al ritmo de canciones que se escuchaban en esa época. Entre ellas, melodías de Manuel Mijares, Miguel Bosé, Amanda Miguel, Raffaella Carrá y Pimpinela.

A pesar de su dinero y carácter fuerte, Ana Luisa no la pasaba tan bien, ya que su marido, Santiago, la engañaba con su hermana y, además, tenía una relación difícil con su hija, interpretada por Monserrat Ballarin. “Todo en esa obra era grotesco y delirante”, dice Antonia, recordando esta obra tan bien comentada y que sacó aplausos y risotadas de los miles de personas que la disfrutaron cuando se presentó en el Teatro Nescafé de las Artes.

Los participantes de esta exitosa obra la describieron como un culebrón…

Sí, porque tenía todos los ingredientes de uno. Era exagerada y grotesca en el buen sentido de la palabra. Un guion cebolla, estética kitsch, vestuario extremo lleno de brillos y lentejuelas. Todo ello con canciones conocidas y las letras teatrales que aportaban, ya que servían para avanzar en la historia. Esa selección estuvo muy bien hecha.

¿Qué desafíos te planteó ese papel?

Mi personaje era una señora mayor que yo, aunque eso es muy de teleserie. ¡A mi hija la encarnó una actriz solo tres años menor que yo! Bueno, pero mi mayor desafío fue actuar, cantar y bailar, siendo un personaje muy presente en toda la obra y con un gran carácter. Tuvo que llevar el peso de la historia aunque también estuvo muy contenida por el resto del elenco. Fue intenso, pero lo disfruté mucho.

¿Tuviste que prepararte de una forma especial?

Tuvimos un coach vocal y coreógrafos, quienes me ayudaron a sacar del baúl ciertos movimientos y capacidades que no había desarrollado tanto.

¿Primera vez que participabas en un musical?

Sí, aunque hace muchos años hice un concierto teatral basado en Sara Montiel. Fue más solitario, pero fue solo cantar. En Morir de Amor, en cambio, se trató de una obra musical con escenas exigentes que requirieron cantar y bailar, y luego asumir escenas donde no se debía notar el cansancio.

Tú naciste en esos años. ¿Qué te parece ese período?

Tengo superpresente esa época porque tenía hermanos mayores a quienes imitaba en todo. Las canciones, por ejemplo, las conocía. Esa música, aunque kitsch, pasó también a ser cool. Además son melodías interesantes porque su interpretación es exigente. Los tonos son altos. Trabajamos mucho para lograr el arrojo y desparpajo que sus intérpretes les imprimieron en esa época.

Ha habido un renacer de los musicales en Chile y ya no solo se están montando en los meses de verano.

En Chile es una industria que recién está activándose y, por lo mismo, son pocos los actores que además de actuar pueden cantar y bailar. Las generaciones más jóvenes sí están incorporando esas habilidades. Esa es la dificultad de los musicales en el país, no hay mucha gente que los puede asumir.

¿Cuál crees que fue el aporte de Morir de Amor en la industria?

Su autoría fue nacional, se generó acá. Por ello es más propio y hubo más libertad y creatividad.

¿Cómo fue la respuesta del público?

Fue muy emocionante por el nivel de risas y aplausos que la obra obtuvo. La sensación desde el escenario fue excelente. El público estuvo entregadísimo, aplaudió, cantó y disfrutó mucho. Fue muy lindo ser parte de eso.

Solo semanas antes fuiste parte del elenco de una obra muy distinta, Todos Eran mis Hijos, de Arthur Miller.

Junto con Álvaro Viguera, director de teatro y mi marido, tenemos la productora La Santa, con la que hemos montado obras más intelectuales, muy distintas al musical. Por eso fue un goce poder montar algo tal distinto como Morir de Amor. Todos Eran mis Hijos fue parte de nuestra idea de montar obras de autores que consideramos fundamentales.

Una década de televisión

Has estado muy ocupada en el teatro después de salir de la televisión.

Así es, me gusta estar en la producción y también actuar. Claro, grabando teleseries no hubiera podido hacer el musical y menos ahora que soy madre. Fue una obra que me dio más alegrías que la última telenovela.

¿No la pasaste bien en Dime Quién Fue?

Tuve una sensación de exposición sin mucha base. Fui la protagonista de una teleserie que no estaba muy bien armada, no era sólida.

¿Volverías a la televisión?

Sí, claro. Me encanta hacer televisión, pero igual estuvo buena esta pausa.


BREVES

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