Bárbara Ruiz-Tagle: “Debemos naturalizar la discapacidad”

Bárbara Ruiz-Tagle: “Debemos naturalizar la discapacidad”
15-11-2018 Tags: ,

Después de ver la obra ‘Mi hijo camina solo un poco más lento’ durante un viaje a Buenos Aires, la directora y actriz de teatro se empeñó en montarla para el público chileno.

 Después de mucho trabajo para conseguir derechos, escoger el elenco y realizar ensayos, lo logró. La obra del dramaturgo croata Ivor Martinic se ofrece hasta el 1 de diciembre en el Teatro Mori de Bellavista.

Por: Alejandra Gajardo / Fotos: Juan Pablo Sierra / Producción: Belén Muñoz / Maquillaje: Jany Vera

 

“Al protagonista, Diego Ruiz, lo escogí por lo transparente, por su capacidad de trasmitir el alma con los ojos y por  su semblante tranquilo”

Durante las filmaciones de Calzones Rotos, película chileno-argentina que se estrenará en el país el próximo 18 de noviembre, Bárbara Ruiz-Tagle compartió alojamiento con la actriz transandina Annie Fink. Durante un mes “nos contamos la vida, conversamos del oficio y de nosotras mismas”, recuerda la también actriz y directora de teatro chilena.

Las amigas se volvieron a ver tiempo después, cuando Bárbara y su marido viajaron a Buenos Aires para celebrar el cumpleaños de este. “Le pedí a Annie que me buscara obras de teatro de formato diferente y cuando llegué me dijo que me tenía un regalo que me iba a encantar”, recuerda, y luego relata que ese presente era una invitación a ver la obra ‘Mi hijo camina solo un poco más lento’, del dramaturgo croata Ivor Martinic. Esa pieza, que lleva siete años en cartelera en Argentina, es protagonizada por Branko, un joven confinado en una silla de ruedas debido a una enfermedad. En el día de su cumpleaños su familia se prepara para celebrarlo y cada integrante expresa su mirada y postura ante su discapacidad. La obra caló profundo en Bárbara, para quien el tema no le es ajeno en lo absoluto. Por el contrario, la mueve y la emociona.

Después de la función le manifestó a su marido que tenía que estrenar esa obra en Chile, ya que consideraba que era absolutamente necesaria. “Fue una intuición muy fuerte”, rememora.

¿Cómo lo lograste?

Creía que iba a ser difícil porque el dramaturgo vive al otro lado del mundo, pero menos mal que ahora tenemos ayuda de la tecnología. Gracias a ella no solo tuve a mi disposición un montón de artículos sobre la obra, sino que pude ubicar a Martinic a través de Instagram. Lo seguí y le mandé un mensaje en que le conté que me interesaba estrenar la obra en Chile. Me dijo que me pusiera en contacto con la traductora de la obra al español, la argentina-croata Nikolina Zidek. La llamé y empezamos a conversar. Paralelo a eso busqué en Amazon los textos y encontré el libro ‘Los siete dramas croatas’, que incluía a ‘Mi hijo camina solo un poco más lento’, que me llegó a los días. Le escribí nuevamente al dramaturgo para consultarle qué tenía qué hacer para que los derechos fuesen míos y él me preguntó las razones de mi interés en montar la obra.

¿Qué le dijiste?

Que creía que era necesario hacerla en Chile y fui superhonesta con mi visión del tema de la discapacidad. Él me entregó los derechos…

¿Qué significó eso para ti?

Fue la emoción más grande y sentí que tenía que ser responsable con ese privilegio. A los dos días comencé a conformar el elenco, a llamar a cada uno de los once actores, a entregarles los textos, a contarles mi visión de la obra, lo que quería hacer y a entusiasmarlos para que todos estuviéramos en la misma sintonía. Creo que antes de diciembre del año pasado tenía todo determinado. En julio comenzamos los ensayos y la ofrecemos en el Teatro Mori de Bellavista.

¿Cómo elegiste a cada uno de los actores?

Con un acucioso casting y me fijé en los trabajos anteriores que habían hecho. Igual hubo mucho de intuición, algo me decía quién era el adecuado para cada papel. Al protagonista, Diego Ruiz, lo escogí por lo transparente, por su capacidad de trasmitir el alma con los ojos y por su semblante tranquilo.

¿Por qué dices que esta obra es necesaria para Chile?

Porque es necesario naturalizar la discapacidad y dejar de victimizarla.

¿Cómo aborda esta pieza la discapacidad?

El público se puede identificar con cada uno de los personajes. Está el que victimiza, el que hace la vista gorda, el cruel y el que naturaliza la discapacidad. En esa familia se representa la sociedad. La discapacidad es un tema que te ha movido no solo ahora, sino durante años.

¿Cuál es tu visión acerca del tema?

Hay que naturalizarla. Somos un país que tiene 2,6 millones de personas con discapacidad y pareciéramos que no estuviéramos al tanto de eso, que no nos hiciéramos cargo. Simplemente estoy pidiendo que no se vea desde la lástima y por eso tomé esta obra, porque tiene un texto inteligente, poético y bello. Tenerla es una gran oportunidad.

¿Crees que en Chile hemos avanzado en el tema?

Sí, pero también muy lentamente. Creo que es hora de que empecemos a ver la discapacidad con otros ojos.

¿Cómo podemos cambiar?

Desde el origen más profundo. Es educación y cultura, pero debe cambiar desde la familia.

¿Cómo fue tu primer acercamiento al tema?

Fue a los 18 años. En mi colegio existían movimientos sociales de ayuda y nos pidieron que fuéramos a la población San Gregorio a pasar una tarde a conversar con personas en riesgo social, pero en realidad eran personas con discapacidad. Esa vez me sentí más yo que nunca, experimenté una libertad de ser. Cuando una se para frente a alguien siempre hay barreras personales, y por primera vez me sentí sin ellas y eso me hizo descubrirme, fue una coincidencia que me cambió la vida.

Desde hace muchos años haces clases de teatro en la Fundación Miradas Compartidas, que trabaja para la inclusión de personas con discapacidad intelectual.

Sí, me involucré desde mi oficio, desde algo que puedo enseñar, y ha sido el regalo de mi vida junto con mi familia.

¿Qué te ha aportado esa labor?

El darme cuenta de que no hay solo una forma de ver las cosas, que la lástima no sirve para nada, que si los que estén alrededor la sienten o sienten mucha aprensión, no se va a avanzar.

¿Cómo es hacer clases en Miradas Compartidas?

Los alumnos son dispersos, divertidos y auténticos. Ellos me han enseñado a ser más honesta y a no tener miedo de la recepción de lo que una dice o hace. Ellos son nomás, y al parecer esa es la clave de la vida. Hace años montamos La Cenicienta, una experiencia enriquecedora y cansadora, porque pusimos mucha energía y el alma en ese trabajo. Fue un proceso muy bonito.


BREVES

  • Cafetería: Rende Bú, en Hernando de Aguirre 3645, Ñuñoa.
  • Serie: River.
  • Tratamientos de belleza: Tempo Spa & Estética, en Tabancura 1091.
  • Libro: Revolutionary Road, de Richard Yates.