Emilia Noguera: Villana divertida

Emilia Noguera: Villana divertida
13-06-2019 Tags:

Por: Alejandra Gajardo / Fotos: Juan Pablo Sierra / Maquillaje: Jany Vera / Producción: Belén Muñoz

La joven actriz, dramaturga y guionista es Susana Vasconcellos, la antagonista de la teleserie Amar a Morir. Además, este año asumirá papeles en una obra de teatro, un musical y seguirá escribiendo guiones. Es que para ella “no es buena idea dedicarse solo a la televisión”.

 

“La Susana es lo más pésimo que hay”, dice Emilia Noguera de su personaje en la teleserie Amar a Morir. Nada más lejano a ella, que es sencilla y muy sincera. Susana, en cambio, es excesiva, manipuladora y enredada. “No es mala en esencia, sino que hace maldades por amor”, la justifica en algo Emilia.

La vida de Susana Vasconcellos no ha sido fácil. Ella se hizo cargo de los niños de su mejor amiga, quien falleció hace cinco años. En el camino de asumir esa tarea se enamora de Caco, el viudo interpretado por Felipe Braun. Cuando él se entera de que tiene un cáncer de muy mal pronóstico decide casarse con Susana para resolver lo práctico y asegurarse de que a su muerte queden con alguien que los quiere. “Ella, en cambio, quiere una relación verdadera”, cuenta la actriz. Todo va sobre ruedas hasta que aparece Pachi (Antonia Zegers), quien dificulta sus intenciones de casarse con Caco. “Allí empiezan sus manipulaciones para quedarse con el amor del viudo”, dice Emilia, quien aclara que pese a sus malas artes Susana adora a los hijos de Caco y de su fallecida amiga.

Un personaje con luces y sombras…

Sí, a pesar de sus artimañas es muy amorosa con los niños, especialmente con la Mila, la niñita.

¿Qué retos te planteó el personaje?

El ser villana y tratar de comprenderla y justificarla. Cada personaje que he asumido ha tenido su gracia y ella tiene harto de humor. Sus salidas son chistosas, lo que la hace agradable de encarnarla. Hacia el final habrá escenas de mucho dramatismo y eso es muy complicado de actuar, especialmente con niños.

¿Qué dificultad tuviste en eso?

Actué en bastantes escenas con Aida Caballero, una niña que es seca a pesar de sus 10 años. Es exquisita y muy madura. Me daba mucho nervio que en las escenas más fuertes, de drama, ella no entendiera el límite entre la ficción y la realidad, pero es muy inteligente y lo tenía clarísimo. Fue una gran compañera, un agrado trabajar con ella.

Esta telenovela hace rato que estaba lista. ¿Por qué se demoró tanto su transmisión?

No lo sé. La teleserie la terminamos de grabar hace seis meses y me imagino que el canal estaba esperando el mejor momento. Son decisiones en las que uno no tiene mucho control. Vi el primer capítulo y confieso que no la he vuelto a ver porque a esa hora estoy con mis hijas. El recuerdo que tengo de esa teleserie es superbueno porque la pasamos muy bien grabándola.

Tú escribes guiones, ¿qué te pareció el de esta teleserie?

Al principio lo encontraba muy bien escrito, pero que no llamaba mayormente la atención. No era mejor que otros, pero de repente empezó a mejorar muchísimo. Claro, Bárbara, una de las guionistas, se enfermó de cáncer igual que el protagonista y ella volcó todo el proceso de su enfermedad en el guion. Prefirió seguir escribiendo aunque le ofrecieron que se tomara licencia. Y asumió el trabajo como terapia. Ella fue muy generosa, ya que entregó textos superpersonales, lo que hizo que fueran emocionalmente más ricos. No quiero decir que uno tiene que vivir lo que pasan los personajes para hacer buenos textos, pero en este caso se dio y lo valoramos mucho. Sucedió también que todo el equipo de guionistas le agarró un cariño especial al proyecto y le puso todo el corazón.

¿Y eso hizo la diferencia?

Creo que sí, ya que resultó una teleserie cargada de belleza y de tristeza.

¿Qué opinas de que las teleseries aborden temas como la inmigración y la enfermedad, entre otros?

Estoy muy de acuerdo. Si las teleseries no sirven para aprender algo, para plantear temas contingentes, no tienen razón de ser. Hace algunos años se exhibieron producciones como Iorana y Romané, y aprendimos de culturas distintas, y ahora de temas sociales.

¿Qué estás haciendo como guionista?

Estoy escribiendo una serie para Canal 13, pero no puedo contar nada de nada. Solo que el proyecto me tiene muy contenta ya que he aprendido harto. Estoy escribiendo, además, una obra en donde van a actuar mi pareja, Etienne Bobenrieth, Andrés Velasco y Pablo Greene. También trabajé en la primera parte de la idea de la serie La Jauría, que está basada en el caso de La Manada.

Ese caso fue emblemático para el movimiento feminista mundial.

Ese movimiento ha hecho cambiar la sociedad. Uno se da cuenta cómo los hombres ya tienen conciencia del trato que deben tener con una. Hay que reconocer el esfuerzo de ellos, de superar lo que han visto de chicos, de no ser irrespetuosos ni tratarte como muñequita débil. Hay más preocupación por lo que se dice, de interrumpirte si estás hablando, por ejemplo. No debe ser tarea fácil, porque así como a nosotras se nos enseñó a aguantar, a muchos a
ellos se les enseñó a transgredir esos límites. Evitar hacerlo es un esfuerzo que debe reconocerse.

¿Te sentiste menospreciada alguna vez en el medio?

Muchas veces. En los sets los directores nos trataban de otra manera y ni siquiera se daban cuenta. Le decían al actor, por ejemplo, “hagamos la escena” y a una “hagamos la escenita, mi amorcito”.

¿Crees que ese director lo hace de malvado o asqueroso?

No, simplemente lo hace porque así aprendió que se trata a una mujer. Hasta ahora eso se tomaba con naturalidad y hasta una decía ¡qué amoroso como me trata! Ya no… Ahora no es así, porque es una forma, consciente o inconsciente, de disminuirte. Por otro lado, me suelen preguntar qué significa para mí ser dramaturga y mujer. ¡Qué es eso, da lo mismo si soy o no mujer!

¿Cómo es el trato ahora?

Hay gente que no captó el cambio y siguió con esa actitud antigua, y muchos de ellos debieron asumir las consecuencias. Otros sí lo entendieron y hacen el esfuerzo. Estos últimos son los que, menos mal, me rodean. Como dije, no es fácil para ellos, y se los reconozco.

¿Tienes algún proyecto en teatro?

Estoy empezando a ensayar dos obras. Una se estrena en julio y se llama La Cabeza del Ganado, y otra en octubre, en el Teatro Nescafé de las Artes. Esa última será del mismo tenor del musical Morir de Amor. Es otra historia, otra música, pero con el mismo elenco y también producida por Contadores Auditores. De esas dos obras no puedo decir nada aún.

¿Y proyectos en televisión?

Aún nada porque después de Amar a Morir no me renovaron el contrato.

¿Las teleseries te daban seguridad laboral?

Sí, claro, lo paso muy bien y me ofrecen una hermosa estabilidad económica. Claro que yo soy de la cultura de que hay que vivir con y sin teleseries. Ellas tienen el beneficio de que puedes hacerlas, asumir algún trabajo paralelo y estás lista en el mes. Sin ellas, en cambio, hay que moverse más y hacer clases, teatro y guiones, pero eso igual me gusta. Es mala idea dedicarse solo a la televisión, ya que como están las cosas una no puede depender solo de eso. Es el trabajo más estable económicamente pero a la vez el más frágil, ya que una no sabe si la van a llamar para el próximo proyecto o no.

¿Cómo ves la crisis de las áreas dramáticas de la televisión?

Una pena, porque yo era feliz en TVN. No entiendo mucho qué pasa. La televisión, además, es superpoco predecible. Es como el teatro: una cree que una obra va a ser un éxito y al final no la ve nadie; y una en la que no se confía tanto se llena y hay que hacer muchas temporadas. La tele tiene también ese misterio… y de azar. No se puede controlar todo.


 

BREVES:

  • Libro: La Teoría King Kong, ensayo feminista de Virginie Despentes.
  • Serie: The Killing.
  • Joyas: Rama Joyas, de Belén Cambara.
  • Cantante: Rosalía.