Entrevista a Amparo Noguera

Entrevista a Amparo Noguera

Junto a Héctor, su papá, protagoniza la obra El Padre, en el Teatro de la Universidad Católica. Allí encarna a Ana, una hija que ve cómo su progenitor se va deteriorando debido al alzhéimer

Otro Hit en el Teatro

Andrés tiene 80 años y su mente comenzó a apagarse lentamente debido a la enfermedad de Alzheimer. Su hija Ana se ve enfrentada a esta situación que la desespera, trastoca toda su vida cotidiana y la entristece. La apena ver debilitarse al que fue el roble de la familia y tornarse voluble emocionalmente. Esa es la trama de El Padre, del dramaturgo francés Florian Zeller, que presenta una segunda temporada debido al gran éxito de público. De esta manera se podrá apreciar hasta el 15 de agosto en el Teatro UC, con Héctor y Amparo Noguera en los roles principales.

Padre e hija no pisaban juntos el escenario desde 2005, cuando Raúl Ruiz los dirigió en ‘Infamante Electra’, de Benjamín Galemiri. La dirección está a cargo del actor y pareja de Amparo, Marcelo Alonso, y el elenco lo completan Rodrigo Soto, Ricardo Fernández, Paloma Moreno y Carolina Arredondo.

Esta obra, calificada por el mismo Zeller como ‘farsa trágica’, fue ganadora de tres premios Molière, y desde su debut tuvo repercusión internacional desde que debutó en París, en 2012. Se ha montado en Argentina, España, Inglaterra y Estados Unidos, y ahora en Santiago.

¿Qué te parece hacer una obra con tu padre?

A mí me gusta actuar con mi padre siempre, más allá de esta obra. Es una suerte compartir el escenario con él, pero eso me pasa en cualquier montaje, no solo en este por el tema de la relación que tenemos. Como lo he dicho en otras oportunidades, ese tema no lo tengo que trabajar porque realmente somos padre e hija y esas cosas aparecen aunque no estemos actuando. El tema de afrontar el deterioro de los padres es muy atingente en una sociedad que envejece. Por eso quizá habrá una identificación en muchas personas, ya que es una situación que ocurre en demasiados grupos familiares. En este caso, la enfermedad trastoca las relaciones familiares, las modifica. Ante esa realidad incluso podemos actuar distinto a lo que creíamos que haríamos. Las relaciones humanas se tornan más complejas y menos condenables, porque los caminos se quiebran.

¿De eso habla la obra?

Es justamente de lo que queremos hablar. Del alzhéimer en sí la obra no plantea nada que la gente no sepa. Es más, si se espera eso, quedamos cortos. Habla de las relaciones humanas que se producen en una familia donde hay un quiebre de uno de sus integrantes, y en este caso es la enfermedad de uno de ellos.

¿Qué te parece la situación de los ancianos en esta sociedad?

No he estado tan cerca de esa situación, pero creo que a veces se les empieza a tratar como un bloque. Es decir, todos comen y deben acostarse a la misma hora. Los jibarizan un poco. Aun así hay programas que son buenos y que les ofrecen cosas que para ellos son entretenidas. Habría que hacer más panoramas culturales dedicados a los mayores y no actividades que nada que ver con ellos. ¡Clásico es que en septiembre se les ofrecen bailes chilotes! Es mejor que haya facilidades para ir al teatro, a los museos, para conocer Chile.

¿Más respeto a sus gustos individuales?

Claro, ellos tienen sus propios intereses y son distintos. Deberíamos tratar de meternos en la sintonía de esas personas. Si tienen alzhéimer, tratar de sintonizar con esas mentes y generar entretención y felicidad.

¿Qué desafíos te planteó Ana?

La obra es complicada porque tiene una estructura bien particular y una debe entrar en ella. Es muy entretenida y rápida, y como actriz debo sumarme a esa rapidez y meterme en la mente del personaje. Ana tiene que tomar decisiones y a la vez se siente abandonada en el recuerdo de su padre. Que un padre no te reconozca es doloroso, es como el abandono de la muerte. Es una obra simple que trata de un tema que a todos nos ha pasado o nos va a pasar. Es difícil no tener en la historia ese espacio de tiempo donde los padres dejan de ser los padres y pasan a ser los hijos. Es una ley de la vida ver desarmarse a seres que han sido tus robles, es muy duro. Es un tema tan simple, tan cotidiano y familiar, pero fuerte. Esa es la genialidad de la obra, que se plantea todo eso con mucho humor.

Una mujer fantástica

Amparo participó en la película Una Mujer Fantástica, donde es Adriana, funcionaria de la Brigada de Homicidios que investiga la muerte de la pareja de Marina, la joven transexual asumida por Daniela Vega. “Solo por el hecho de ser trans Adriana supone culpable a Marina, aun cuando ella sea la víctima de la situación. No la trata como normal y se pregunta si en esa relación había amor o era pagada. Es terriblemente prejuiciosa”, cuenta.

La película ha generado bastante debate en los medios.

Eso es fundamental, porque son situaciones que pasan y una las analiza como si fuesen libros ajenos a una. Este país es muy conservador y todos lo somos de alguna manera. Hay una crianza que viene en el hipotálamo tremendamente difícil de borrar y que nos hace prejuiciosos y buenos para hacer juicios.

¿Crees que hemos avanzado en eso?

Sí, claro, pero en lo formal, no en lo profundo, que para mí es lo cotidiano. Mientras se diga que las familias se arman de una sola manera, no vamos a avanzar. Por ejemplo, hoy venía en el auto escuchando la radio y pusieron un comercial que decía “Me dijeron que entre los 25 y 35 años tenía que ser una mujer realizada profesional y familiarmente, pero nadie me dijo que tenía que hacer yoga”… ¿Qué es eso? ¡No estamos avanzando nada! Hasta en los medios nos dicen qué tenemos que hacer a cierta edad y cómo debemos vivir.

¿Qué te pareció en lo personal trabajar en Una Mujer Fantástica?

Tenía muchas ganas de trabajar con Lelio, al igual que muchos otros actores. Estoy muy agradecida y ojalá se repita la experiencia. Fue un honor.

¿Qué te gusta que provoque esta película?

Diálogo, conversación y reconocimiento de cada persona sobre su posición frente a los temas que plantea. ¡Pero, la verdad, no lo políticamente correcto! Bueno, y también conmoverse y darse cuenta de que el cine chileno tiene afuera una importancia y un volumen grandes, y que no es posible que en Santiago de Chile las cintas duren tan poco en cartelera.

Breves

Librería: Lolita, ubicada en República de Cuba 1725.

Tienda: Bonimarket, en Pocuro 2916. Tiene desde productos gourmet hasta los cotidianos.

Cafetería: Café Matte, Eliecer Parada 1832, esquina Jorge Matte.

Pilates: Con Catalina Vogt, en el Estudio Pilates NYC.