LA MATERNIDAD ME HA SUAVIZADO

LA MATERNIDAD ME HA SUAVIZADO
16/02/2016

La joven actriz, que había encarnado a colegialas y a una universitaria bien intencionada, ahora se enfrenta a un rol lleno de desafíos. Con su personaje de Augusta, en la teleserie Perdona Nuestros Pecados (Mega), ha dado un salto actoral que la tiene expectante y con ganas de más.

Después de haber encarnado papeles como el de la inocente colegiala Camila (Papá a la Deriva) y el de la combativa universitaria Gladys (Pituca Sin Lucas), Fernanda Ramírez dio un salto significativo en su carrera. El área dramática de Mega le dio un personaje con más matices y desafiante como lo es la caprichosa Augusta Montero. Para asumir ese papel de luces y sombras, Fernanda tuvo que enfundarse en vestidos de los años 50 y encumbrarse en tacones altos. Así caracterizó a Augusta, una joven que se crio bajo la sombra de una madre de personalidad fuerte, sensual y provocativa. “Augusta aprendió todo de Ángela y se comporta como su madre. Ella tiene el perfil de la señorita correcta que se proyecta casada y con una familia”, explica la actriz.

Es el papel más dramático que te ha tocado interpretar. ¿Lo sientes como un salto en tu carrera?
En televisión, sí. Me habían tocado papeles bastante más querendones, aunque Gladys (Pituca Sin Lucas) era diferente porque se trataba de una chica revolucionaria y chora pero igual era un personaje lleno de luz. Augusta, en cambio, es más real, tiene más carne.

¿Implicó más desafíos interpretarla?
Absolutamente. Además de que es un papel más dramático, la historia -escrita por Pablo Illanes está hecha con un gran nivel de detalle que la hace desafiante. La personalidad de Augusta es clara y está muy bien descrita en el papel y por ello no hay que completarla. Exige ser muy estudiosa y llevar bien las continuidades para no cometer errores. Se trata de un rol con muchos matices, cambios de opiniones y decisiones. Por otra parte,  el horario plantea un tono actoral diferente ya que en las vespertinas se trabaja mucho con la gestualidad del rostro, con la exageración, y en general son comedias. En la noche, en cambio, el tono es más cercano al cine y al teatro. Por lo tanto el nivel de detalle es más complejo porque es más real.

¿Te costó asumir una teleserie nocturna?
Me fue difícil despegarme del ritmo de las vespertinas. Antes de entrar a la televisión había hecho teatro y tuve que aprender a estar consciente de las cámaras y trabajar más con los gestos del rostro, pero agarré el sistema y ahora me costó sacármelo. En la noche se trabaja con más sutileza, entonces tuve que ir corrigiendo algunos aspectos.

¿Revisas las escenas?
Sí, para corregirme. Al principio me daba pudor pero es parte de la pega. Lo hago siempre que puedo.

¿Cómo te sientes con el éxito de la teleserie?
Es que se nota que está hecha con mucho cariño y marca una diferencia con lo que se estaba haciendo hasta ahora. Que haya sido de época la hace mil veces más interesante porque hay un estudio detrás y se habla del machismo de la época.

¿Cómo ves esa época en relación a ese tema?
Menos mal que no viví en esos años. Nacer mujer en ese tiempo era terrible porque había una represión sexual y política. Básicamente las mujeres eran un florero, un trofeo, un receptáculo para tener hijos. Era impensable que tuvieran opinión o que quisieran hacer otra cosa aparte de ser dueña de casa y madre.

¿Piensas que hemos avanzado en algo?
Creo que el machismo está arraigado en nuestra sociedad y que la familia es el lugar donde se pueden cambiar las cosas. En casa, por ejemplo, compartimos todos los roles.

Es la primera teleserie que haces después de haber sido madre. ¿Cómo ha sido la experiencia de volver al trabajo?

Bien, pero igual fue difícil. Afortunadamente Gael se queda con su papá y las abuelas nos han apoyado muchísimo. Me costó volver a agarrar el training de grabar porque por alguna razón después de ser mamá quedé muy distraída. Me cuesta aprenderme los textos y es difícil tener tiempo para estudiar. Se puede pero hay que hacer ajustes.

¿La maternidad te cambió la vida?
¡Claro! Antes éramos muy espontáneos, si un día se nos ocurría ir a la playa, partíamos. Ahora hay planificar cada segundo, ser más reflexivos, tomar decisiones en conjunto y aprendernos las agendas del otro casi de memoria. Cambios positivos en todo caso. En lo personal, la maternidad me ha suavizado mucho.

Hans Pozo
En marzo de 2007 se encontró en un basural de Puente Alto parte del cuerpo de Hans Pozo, un joven que en sus cortos años tuvo experiencias con la droga, la prostitución y fue encarcelado por la justicia. Un caso que planteó temas de marginalidad, exclusión, falta de oportunidades y delincuencia. A los diez años de ese terrible hallazgo se repondrá en el Teatro del Puente la obra H.P. (Hans Pozo), escrita por Luis Barrales y dirigida por Isidora Stevenson. La compañía de teatro La Nacional es la encargada de recordar -en las tablas- el macabro caso. “Lo contamos desde la perspectiva de Hans Pozo, de su hija, su mujer, su madre y su victimario”, explica Fernanda, quien encarnará a la hija del malogrado joven.

¿Por qué recordar este caso diez años después?
Es una suerte de reivindicación de la figura de Hans Pozo y de las muchas personas como él. Ante un caso así se tiende a juzgar tanto a él como a su entorno y nadie se detiene a pensar en la sociedad en la que vivimos.

¿Crees que fue una víctima de la sociedad?
Absolutamente, de una sociedad que lo estigmatizó. Bueno, estigmatizamos a los pobres, a los diferentes, a todos… La sociedad chilena impone una forma de ser y margina a quien sale de esa norma.