Lucy Cominetti y su Personaje de Begoña en Preciosas

Lucy Cominetti y su Personaje de Begoña en Preciosas

Si bien hace meses terminaron las grabaciones, recién ahora estamos viendo el gran final de Preciosas, la nocturna de Canal 13. Su personaje, al principio odiado, de apoco se convirtió en uno de los favoritos. Es que esa personalidad impulsiva, inocente y cruel , contraria a la de la actriz, significó un reto que termino por encantar a todos.

Su Desafío de Hacer y Sentir

Calmada, centrada y muy dulce, Lucy Cominetti es totalmente lo opuesto a su personaje en Preciosas. Begoña, una villana cruel, insoportable y sin filtro, comenzó la teleserie sufriendo el duelo por el asesinato de su pololo, luego dándose una oportunidad con el personaje de Eyal Meyer, Nicolás, para pasar a un vaivén de rechazos y desilusiones. Es que, como Lucy la describe, Begoña es solo impulsividad, al contrario de ella. “Yo soy mucho más adecuada y correcta. Tiendo a pensar harto antes de hacer cualquier cosa, porque tengo una parte racional bien desarrollada. Veo más al otro, por lo mismo no le diría algo a alguien que sé que le va a doler. Tampoco tengo esos impulsos de ‘no sé por qué hice esto’, siempre sé por qué hago las cosas y me puedo hacer cargo de ellas porque lo medité antes. La Begoña llega y hace”, asegura.

La gente se fue encariñando con Begoña

La que comenzó como una antagonista, muy dramática y cruel con la protagonista, Lorena Martínez (Loreto Aravena), rápidamente se ganó el rechazo de la audiencia. “La gente me odiaba. Me mandaban mensajes por redes sociales, me insultaban, me decían de todo. Esa parte fue superfuerte para mí, porque yo sabía que era un personaje que iba a producir polaridades, que la la iban a amar u odiar”, cuenta. Sin embargo, a lo largo de la trama la gente se fue encariñando con ella. “Es que sí, es una villana, pero muy ingenua y torpe, a la que las cosas le salen supermal. Yo siempre la vi como el coyote del Correcaminos”.
Son esos matices, junto a su lealtad e incondicionalidad con Florencia (Elvira Cristi), la poco conciencia con lo ocurre a su alrededor y su divertida forma de decir las cosas, los que finalmente encantaron al público. “Es muy divertido, porque ahora me dicen ‘a veces te odio, pero me haces reír’, ‘antes te odiaba y ahora te amo’, o me ponen las frases que dice la Begoña en redes sociales y se matan de la risa”, dice.
¿Fue muy difícil ese primer choque con el público?
Fue difícil porque nunca lo había vivido, porque el mundo de las teleseries es mucho más masivo que el el cine o las series. Además de que las ve mucha gente, es un público mucho más intenso, que se toma muy en serio las cosas y las vive como si fueran reales. Es una audiencia que te busca, que se comunica contigo y que expresa lo que siente. En ese sentido fue un choque, porque no me había tocado vivirlo, pero también entendí que era parte de la pega.
¿Qué fue lo más complicado de interpretar a Begoña?
Había momentos en que tenía que apagar mi cabeza, porque yo soy una persona mucho más reflexiva y les doy más vueltas a las cosas. Con ella tuve que recurrir a una parte que es netamente lúdica, que no es cabeza, porque si me pongo a reflexionar, no podría darles verdad a cosas que pueden ser muy inverosímiles desde el guion. Yo las tenía que hacer creíbles, posibles, porque son delirantes. La Begoña convive con el delirio, la locura y lo impredecible. Fue difícil entregarme, jugar, hacerlo todo con mucha verdad e irme al chancho con ella, no pensar en nada. En el fondo, ese fue el mayor desafío, hacer y sentir con ella.
¿Cómo cierras esta etapa?
Fue un periodo que disfruté harto porque fue un superbuén trabajo para mí, ya sea por el equipo, el personaje que interpreté, que a mí me gustó mucho, y por cómo se dio el proceso, que fue muy enriquecedor porque aprendí hartas cosas. Era la primera vez que yo hacía una teleserie con un personaje secundario estable. Otras veces había hecho participaciones especiales, con personajes que estaban, desaparecían y volvían. Preciosas significó un aprendizaje desde su ritmo de grabación constante hasta el personaje que me tocó, que implicaba muchos desafíos para mí.
¿En qué sentido?
Es un personaje que está en comedia, en un tono más arriba que los demás actores y que desde el guion está más exagerado. Esos roles son desafiantes porque tu tarea es darles humanidad y verdad, porque si no queda como esta caricatura sin alma, y yo no quería que fuera así, como un estereotipo. Además se tenía que producir esto de que si bien era una villana, tenía mucho encanto, ternura y humor.
Y en el desarrollo de la teleserie, tu personaje y el de Nicolás Poblete fueron los que le dieron ese tono de comedia.
Sí, el personaje del Nico fue el punto cómico en el mundo de las Preciosas y mi personaje fue el punto de comedia en el de los Márquez.
¿Quedaste satisfecha?
Sí, quedé supercontenta. Y no solo con mi trabajo, sino con la teleserie en sí. Fue un trabajo muy intenso, en el que había un equipo muy comprometido. Vi a los actores dándolo todo, a los camarógrafos adaptándose a estas nuevas cámaras que había que aprender a usar y a este grupo humano que se notaba que tenía un compromiso mayor, que no era una teleserie más. También se dio que con los actores con los que más me tocaba grabar nos hicimos muy amigos.
Sobre todo con Elvira Cristi…
Sí, con la Elvira habíamos trabajado antes y nos caíamos bien, pero acá pasábamos todo el día juntas. Cuando una trabaja en teleseries, son ocho o nueve meses que vives en función de las grabaciones. Te levantas a las seis de la mañana, llegas a las ocho al canal, sales a las 18.30, llegas a tu casa a estudiar y después ves la teleserie, porque tenemos un chat con los directores y el elenco, donde comentamos las escenas y felicitamos a los compañeros. Con la Elvira se dio que, al estar todo el día juntas, empezamos a hablar mucho de la vida, de nuestras anécdotas y nos apañamos mucho en el trabajo. Ahora chateamos todo el rato, nos juntamos a almorzar, etc.

Estilo de vida
Hace siete años que practica yoga Iyengar y hace otros tantos que dejó de comer carnes rojas porque no está de acuerdo con esa industria. Lucy siempre se ha caracterizado por llevar un estilo de vida sano y activo, en que el yoga es fundamental e indispensable. “Es lo único permanente en mi vida, el espacio que me permite no pensar tanto, conectarme con otras cosas y estar más en el presente. Eso lo agradezco, porque esas clases son como una suerte de meditación en la que estoy en el momento. No es solo el ejercicio y los beneficios que pueda traer a nivel físico, hay una parte mental y espiritual que, lo busques o no, va a aparecer al hacer yoga”, asegura.
¿Qué otros ejercicios practicas?
He hecho natación, pilates, ballet, y ahí los voy cambiando. Siempre estoy buscando cosas nuevas, me aburro cuando empiezo a hacer todo el rato lo mismo, necesito estar buscando estímulos. Ahora estaba viendo si hacer boxeo, que también es muy entretenido. Pero el yoga es el único que se mantiene ahí, mientras voy probando y complementando con los otros. Lo hago mínimo tres veces a la semana, ojalá cinco, pero depende de los tiempos.
También vas a eventos deportivos.
Sí, me llaman para ser embajadora de algunos eventos deportivos de Adidas, como el de yoga y el de dance que se hicieron hace un par de meses. Son iniciativas que me gusta mucho difundir, porque tienen que ver con mi estilo de vida, con algo en lo que sí creo.